La contaminación electromagnética, amenaza sanitaria del siglo XXI

La tecnología evoluciona a un ritmo vertiginoso. Cada vez más, vivimos rodeados de todo tipo de aparatos ‒móviles, routers, antenas, teléfonos inalámbricos...‒, dispositivos que emiten unas ondas que originan campos electromagnéticos que podrían tener consecuencias para la salud pero todavía son una incógnita.

No hay estudios científicos concluyentes sobre los efectos negativos que pueden tener las radiaciones sobre nuestro cuerpo, pero mientras tanto los expertos consideran que vale la pena tomar medidas preventivas. ¿Qué podemos hacer en nuestro día a día para evitar las radiaciones de los aparatos que nos rodean?

No hay duda de que el futuro son las ciudades inteligentes. Vamos hacia unas ciudades mucho más eficientes pero también más llenas de dispositivos y redes inalámbricas. Supuestamente mejorarán nuestra calidad de vida; pero, ¿a qué precio? Según José Antonio Morán, profesor de los Estudios de Informática, Multimedia y Telecomunicación de la UOC, todos estos adelantos tecnológicos provocan que «los campos electromagnéticos crezcan indiscriminadamente y con poca regulación». Y esto hace que estemos constantemente sometidos a diferentes tipos de radiaciones, algunas de las cuales podrían perjudicar el funcionamiento de nuestro cuerpo. Es lo que se considera contaminación electromagnética.

Aunque no está clara la relación entre la contaminación electromagnética y la salud de las personas porque todavía no está demostrada científicamente, Morán asegura que «hay sospechas de que algunas radiaciones pueden tener efectos nocivos».  

El profesor de los Estudios de Ciencias de la Salud de la UOC, Diego Redolar, es del mismo parecer. Redolar trabaja en el campo de las neurociencias y asegura que a través de experimentos controlados se ha visto que la estimulación magnética puede llegar a modificar el funcionamiento del cerebro. «No se puede afirmar que debido a las radiaciones que recibimos haya un aumento de tumores cerebrales» porque no hay estudios científicos que lo corroboren. Estos experimentos se hacen con estimulaciones muy fuertes que no corresponden con las que estamos expuestos en el día pero sí se debe tener en cuenta, alerta Redolar, que aunque no recibimos radiaciones de tanta intensidad sí es cierto que en recibimos de muchas fuentes diferentes.

Por todo ello, el Consejo de Europa ha instado a organismos independientes a hacer estudios para averiguarlo y la Organización Mundial de la Salud también se ha puesto manos a la obra.

PELIGRO POTENCIAL

Morán explica que nuestro sistema biológico emite unas señales de naturaleza electromagnética, que se pueden ver afectadas cuando estamos sometidos a radiaciones, tanto para bien como para mal. En el sentido positivo, las ondas se utilizan en medicina con finalidades terapéuticas. En fisioterapia, por ejemplo, se usan corrientes eléctricas para recuperar musculatura; también hay campos magnéticos que ayudan a soldar de manera más rápida fracturas óseas. Se tiene constancia, pues, de que las radiaciones interfieren en nuestro cuerpo. Ahora bien, se cree que del mismo modo que hay radiaciones que contribuyen a la recuperación de tejidos, hay otras que pueden ser perjudiciales.

Desgraciadamente no hay estudios concluyentes sobre la cuestión. En 2011 el Consejo de Europa aprobó una resolución sobre los peligros potenciales de la contaminación electromagnética y sus efectos en la que admite que esperar a que los estudios lo constaten puede tener costes sanitarios y económicos muy elevados, similares a los casos del amianto y la gasolina con plomo. En esta resolución recomienda tomar medidas preventivas y aplicar el principio de precaución, es decir, cuanto menos expuestos estemos a radiaciones mejor.

Sin embargo, José Antonio Morán, que también es director académico del máster de Ingeniería de Telecomunicación de la UOC-URL, alerta de que el camino que llevamos como sociedad va justo en sentido contrario y «cada vez estamos más expuestos a las wifi, a los móviles y a los teléfonos inalámbricos que tenemos en casa, que emiten permanentemente radiaciones alrededor de nuestro cuerpo». Lo corrobora el «Informe Ditrendia 2016: Mobile en España y en el mundo»: 8 de cada 10 españoles tienen un teléfono inteligente, una cifra ligeramente superior a la media europea; tres de cada cuatro familias tienen al menos una tableta y más de la mitad de los españoles la usan al menos una vez al día. De media, un español usa su teléfono 3 horas y 23 minutos al día y la tableta, 1 hora y 41 minutos.

¿CÓMO EVITAR LAS RADIACIONES?

Aunque no le da categoría de enfermedad porque no hay evidencias claras, la Organización Mundial de la Salud empieza a reconocer la hipersensibilidad electromagnética. Los síntomas pueden ser muy variados: picores, dolor de cabeza, cansancio crónico, insomnio, ansiedad, depresión, dificultad para concentrarse...

Recomendaciones para no estar tan expuestos:

-Apagar la wifi cuando no se está usando, especialmente por la noche porque cuando dormimos, nuestro sistema biológico trabaja en mínimos y la contaminación nos afecta más. Tampoco es conveniente dormir con la cabeza cerca de campos magnéticos.

-Parar el móvil por la noche y no mantener conversaciones largas. Evitar tener mucho rato el móvil pegado al cerebro y al conducto auditivo, una apertura que facilita la entrada de las ondas. Si hay que hablar mucho por teléfono, es mejor usar auriculares o teléfono con cable. Según el profesor Antonio Morán, «hay un cambio de tendencia en el uso del móvil que hace que cada vez haya menos llamadas y nos comuniquemos más por mensajería instantánea».

-No usar wifi para hacer descarga de datos, especialmente para mirar la televisión por internet (streaming). Muchas compañías en vez de cablear toda la casa para hacer llegar la conexión al televisor, lo que hacen es instalarte aparatos inalámbricos. Morán advierte que «mientras no hay ningún dispositivo conectado a la wifi, prácticamente no emite radiaciones, pero cuando descargas, circulan muchos datos y genera una radiación constante».

-Es mejor usar teléfonos de cable de toda la vida. Ahora bien, si en casa tenemos teléfonos inalámbricos, Morán recomienda que sean Eco Tech, que solo transmiten cuando hay conversación; en cambio, los que no son Eco, emiten más radiaciones que los móviles.

-Con los niños hay que tener más precaución. Su sistema biológico está en formación y hay que evitarlo tanto como sea posible. En Francia ya se toman medidas: se está prohibiendo tener wifi en las escuelas y en las casas con niños menores de 3 años.

 

Fuente: http://madridpress.com/not/218811/la-contaminacion-electromagnetica-amenaza-sanitaria-del-siglo-xxi/